SIMULACRUM

En primer plano a la izquierda simulacrum de la Victoria
Detalle de la obra Vercingetorix de Lionel Noel Royer (1899)
Seguimos conociendo de la mano de Enol Alonso Capín los Estandartes Militares Romanos. Hoy toca el turno al simulacrum.
Este es un estandarte que enarbolaba la figura de una divinidad o de una alegoría divina que detentara una función protectora hacia la legión o fuera aquella que daba el nombre a la legión, o incluso a unidades más pequeñas dentro de la misma que fueran nominadas en función de estas. Entre estas enseñas son especialmente empleadas las figuras de Júpiter, Marte, Neptuno, Venus y Hércules.
Así nos encontramos con legiones como la Legio I Minervia, cuyo nombre vendría de la diosa Minerva, o la Legio XV Apollinaris, nominada así por el dios Apolo, ambas relacionadas con divinidades poco empleadas, o por lo menos no tan populares como las divinidades antes referidas...

En cuanto al origen de este símbolo debemos pensar que habría tenido un amplio recorrido a lo largo de la Historia de Roma, teniendo sus inicios en la fase republicana romana previa a Cayo Mario para diferenciar socialmente a los integrantes de las legiones, y a partir de este con una función más de identificación. Aun así, permanece inmutable su función relacionada con la búsqueda de las legiones de una intercesión divina o de alguna de las fuerzas que acabaron por cobrar importancia, como Victoria, y que se hayan representadas en la vida cívico-religiosa romana, pero que escasea en el ámbito castrense hasta los tiempos de Constantino, en cuyo arco encontramos unos pocos, reutilizados del Arco de Marco Aurelio, mostrándose varias “Victorias”, y también en el llamado “Relieve de la profectio”, en el friso oriental del mismo arco la escena de dos soldados portando sendos simulacra, uno masculino y otro femenino, que se les han atribuido al Sol Invictus y a La Victoria.
El empleo de estas figuraciones tendría una fuerte intención mágico-religiosa de reforzar moralmente a la legión o a la unidad en cuestión y dotarla de una mayor unidad e identidad unida a su primordial función táctica, lo cual se materializaría en batalla con una mejor identificación mediante estas enseñas de las unidades o de las legiones aparte del aquila o las imagines. Hemos de tener presente que su tamaño debía ser adecuado para que las unidades en cuestión pudieran reconocerse de una forma sencilla y rápida durante la contienda.
Simulacrum de la victoria en
época de Constantino el Grande.
Histomin.com
Si avanzamos al periodo tardoantiguo, ya con la presencia del cristianismo en el Imperio Romano, contamos con cuerpos militares cuyos nombres hacen alusión a divinidades, encontrando a los ejércitos de Herculani iuniores (Hércules), Solenses seniores (Sol) o Iovani seniores (Júpiter), presentes en la Notitia Dignitatum. Otro hecho destacado lo tendríamos en la batalla del río Frigidus (394 dC), en la que se enfrentaron en combate el ejército de Eugenio contra el de Teodosio El Grande, pugnando las legiones con símbolos paganos del primero y las que portaban la cruz del segundo. En esta época sería algo común entre los ejércitos que todavía no habían adoptado el símbolo de la cruz como estandarte el empleo de las figuras de divinidades y alegorías sin existir hacia estas ningún tipo de culto y como muestra de una tradición militar presente todavía en ese momento, de las que se buscaría fueran formas de mejorar la cohesión y el compañerismo y hermandad de los soldados.
Simulacrum del Sol Invicto en el Arco de Constantino.
Extraído del libro de E. Kavanagh
Para saber más:
-         RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Julio. “Historia de las legiones romanas”. Madrid: Signifer Libros, 2001.

-         LE BOHEC, Yann. “Enciclopedia of the Roman Army”. Hoboken: John Wiley & Sons, 2015.

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