LA GUERRA DE PERUSIA (41-40 a.C.): El Asedio del Hambre y la Guerra de los Insultos

La historia de la caída de la República Romana suele saltar de la épica Batalla de Filipos (donde Octavio y Marco Antonio derrotaron a los asesinos de César) directamente al duelo final en Actium. Sin embargo, en el intermedio de estas dos grandes fechas, Italia fue escenario de un conflicto fratricida tan crudo como revelador: la Guerra de Perusia. Este episodio no fue solo una lucha por el poder; fue el momento en que el futuro emperador Augusto aprendió que, para gobernar el mundo, primero debía someter a sangre y fuego su propia casa.

El Dilema de los Veteranos: El detonante socio-militar

Tras la victoria en Filipos (42 a.C.), los triunviros se enfrentaron a una bomba de relojería: 170.000 veteranos esperaban su recompensa. Marco Antonio partió hacia Oriente para recaudar fondos y reorganizar las provincias ricas, mientras que a un joven y enfermizo Octavio se le encomendó la tarea más ingrata: encontrar tierras en Italia para asentar a los soldados licenciados.

Octavio recurrió a la confiscación masiva de tierras en 18 ciudades italianas. El descontento fue absoluto. Civiles despojados de sus granjas ancestrales se unieron en protestas que pronto encontraron líderes políticos. Lucio Antonio, hermano de Marco Antonio y cónsul en ese año, junto a la formidable Fulvia, esposa de Antonio, decidieron capitalizar este odio. Su objetivo era doble: presentarse como defensores del pueblo itálico y debilitar la posición de Octavio en favor de Marco Antonio.

El Arte del Asedio: La trampa de Perusia

Lo que comenzó como una serie de escaramuzas en la Vía Cassia terminó con Lucio Antonio y sus ocho legiones cercados en la ciudad de Perusia (la actual Perugia), una plaza fuerte situada en una colina casi inexpugnable.

Octavio, demostrando una madurez estratégica impropia de sus 23 años, no intentó un asalto frontal que habría diezmado a sus tropas. En su lugar, aplicó la ingeniería militar romana en su máxima expresión. Rodeó la ciudad con un sistema de circunvalación de 11 kilómetros, compuesto por fosos, empalizadas y 1.500 torres de madera.

El asedio se convirtió en una guerra de desgaste puro. Mientras el general de Octavio, Marco Vipsanio Agripa, cortaba cualquier intento de auxilio exterior por parte de los generales de Antonio (Ventidio y Asinio Polión), dentro de Perusia el hambre empezó a cobrarse un precio atroz. Se acuñó el término fames Perusina (el hambre perusina) para describir la desesperación de los sitiados, que llegaron a prohibir la alimentación de los esclavos para preservar raciones para los combatientes.

MAPA DE LA GUERRA DE PERUSIA

Proyectiles de Plomo: La primera guerra de propaganda

Uno de los aspectos más fascinantes de este conflicto para el historiador militar es la aparición de los glandes perusinae. Se trata de proyectiles de plomo para honda que los soldados de ambos bandos lanzaban por encima de las murallas.

A diferencia de los proyectiles estándar, estos estaban grabados con inscripciones. No eran solo mensajes tácticos; eran ataques personales y obscenos. Los soldados de Octavio dedicaban mensajes vulgares a Fulvia sobre su físico o su supuesta promiscuidad, mientras que los sitiados respondían insultando la virilidad de Octavio. Es el registro arqueológico más directo de una guerra psicológica donde la moral del enemigo se atacaba con la misma saña que sus murallas.

El Final: Las Aras Perusinae y el peso del poder

En febrero del 40 a.C., Lucio Antonio se rindió. Octavio mostró una dualidad política que definiría su carrera: perdonó a Lucio y a Fulvia (para evitar una ruptura total con Marco Antonio), pero fue implacable con la aristocracia local de Perusia.

La tradición historiográfica, recogida por Suetonio y Séneca, afirma que el día de los Idus de Marzo del 40 a.C., Octavio sacrificó a 300 senadores y caballeros capturados ante el altar dedicado al Divino Julio César. Aunque algunos historiadores modernos cuestionan la magnitud de la matanza, lo cierto es que Perusia fue reducida a cenizas (salvo el templo de Vulcano) y sirvió como un aviso aterrador para cualquier ciudad itálica que osara desafiar al heredero de César.

La Guerra de Perusia terminó de unificar Italia bajo el mando de Octavio, permitiéndole construir la base de poder necesaria para el enfrentamiento final que tendría lugar años después.


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El relato de Perusia está lleno de matices tácticos, movimientos de legiones y tensiones políticas que solo pueden entenderse analizando los mapas y las fuentes primarias en detalle. En nuestro programa especial de Bellumartis, profundizamos en la figura de Fulvia, la primera mujer cuyo rostro apareció en las monedas romanas, y en la pericia técnica de Agripa durante el cerco.

No te pierdas el programa de BHM: 

👉 LA GUERRA DE PERUSIA: Cuando Roma se devoró a sí misma


Además, dentro del vídeo hemos habilitado un Trivial Interactivo mediante las tarjetas de YouTube para que pongas a prueba tus conocimientos sobre la crisis de la República mientras disfrutas del programa. ¿Serás capaz de identificar los proyectiles de honda o los movimientos de las legiones de Agripa?

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