EL ASEDIO DE AMIDA – 73 DÍAS INFERNALES (AÑO 359)

Asedio persa de Amida, 359 d.C. (Ilustración por Angus McBride)
Colaboración de Enol Alonso Capín

         La ciudad de Amida ( actual Diyarbaki, Turquia)  situada al Oeste del Tigris en uno de sus meandros, había sido fundada en el 3.000 aC por lo hurritas, acabó en manos romanas en el siglo II aC tras arrebatársela a los partos y ya en el siglo I aC (ca 66 aC) fue incluida al territorio romano. Durante el reinado de Constancio II a la ciudad se la dotó de murallas y torres mayores reforzadas con piezas de artillería, elementos esenciales en la defensa del episodio que nos ocupa.
La ciudad contaba con la presencia de la Legio V Parthica y otras seis legiones (XXX Ulpia, X Fortenses, 2 legiones reclutadas en la Galia y las legiones de Superventores y Praeventores), un escuadrón auxiliar y los Comites Sagitarii, formando un total de 30.000 efectivos encargados de proteger a cerca de 90.000 civiles, pero estos datos suponen una discusión entre los estudiosos, ya que la otra teoría es que en la ciudad no nos encontrábamos con más de 20.000 personas contando a las tropas...

Mapa de Oriente Proximo, Siglo IV
Frente a estos los sasánidas desplegaron un mínimo de 20.000 jinetes ligeros sagitarios y catafractos, un número indeterminado de elefantes y efectivos de infantería. Así acabaron por movilizar 120.000 soldados.
Al conocer la rendición de varias plazas romanas, la toma de Singara y el avance sasánida, el comes Ursicino había intentado trasladar los efectivos de la ciudad a Edesa, dónde estaba el cuartel general de la región, pero fue interceptado por la avanzada persa, y sólo el comes pudo huir hacia el destino, mientras que Amiano Marcelino y el resto de efectivos se refugiaron en Amida.
Tras tres días de espera el grueso sasánida llegó a la ciudad y al primer día de conflicto le sucedió una semana de duelo por la muerte del príncipe chonista (o chionista), para que los persas emplearan los días siguientes en devastar los campos limítrofes y construir torres de asedio, según Amiano Marcelino mayores que las de Amida, artillándolas con las piezas de Singara.
En los mismos días el ejército persa se había repartido por secciones el ataque a la ciudad, que sólo comenzó cuando el rey de los chionistas, Grumbates, arrojó la lanza como honor al haber perdido a su hijo. Así los sasánidas se lanzaron contra las murallas amidenses sin resultado positivo y perdiendo al contrario numerosos hombres por los proyectiles de los defensores, mientras que estos sufrieron una peste durante diez días por el creciente número de muertos por las bajas y las penalidades.
Con la llegada del verano, esta situación y la posible recompensa, permitió a un traidor guiar un grupo de arqueros sasánidas por los túneles subterráneos hasta una torre que les sirvió de bastión a estos para causar severas bajas al día siguiente hasta que los defensores se percataron y la destruyeron con artillería.
Plano de Amida
La posición de los defensores empeoró y los sasánidas se dedicaron al hostigamiento y la construcción de rampas y acciones de minado de los lienzos, pero también a acabar con los enclaves romanos que estaban defendidos todavía, concentrando así en el campamento a los prisioneros, cuyo trato encendió los ánimos de los legionarios galos, todavía faltos de su completa instrucción, por lo que los mandos decidieron que tras habérseles negado realizar ataques nocturnos por las numerosas bajas ahora debían dejarlos actuar a su albedrío una noche. En la noche decidida los galos armados al estilo celta irrumpieron en el campamento de los sitiadores matando a muchos enemigos y entre ellos a numerosos nobles y notables, obligando al propio Sapor a pedir al día siguiente tres días de duelo, que fueron empleados para construir rampas de tierra, a lo que los defensores respondían ampliando las suyas.
Tras este impasse los sasánidas retomaron el ataque con renovadas fuerzas empleando las torres de asedio. El ataque persa fue ordenado hasta que la artillería romana realizó una densa descarga, para centrarse después en la artillería persa, que también causaba severas bajas, y tras destruirlas se centraron en los elefantes, que acabaron por desbandarse por las bajas y los continuos proyectiles. Todo ello obligó al propio Sapor a intervenir con su guardia personal, diezmada en poco tiempo al ser objetivo de los defensores y llevando a su retirada del campo de batalla.
(C) Gerry Lynch, 2003 murallas de amida construidas por constancio II
En los sucesivos días los asaltos fueron constantes alternando tropas para tener una ofensiva fresca, hasta que en uno de los días una rampa de los defensores se quebró rellenando el espacio entre la muralla y la rampa enemiga, haciendo que los atacantes se concentraran en ese punto, y aunque la defensa fue tenaz, el creciente número de atacantes permitió a estos penetrar en la ciudad y acabar con todos los enemigos posibles, salvo unos pocos que huyeron (incluido el propio Amiano Marcelino) por las puertas secundarias.
Sapor en venganza mandó crucificar a todos los oficiales romanos, entre ellos el propio comes Eliano, encargado de la guarnición de Amida, se ejecutó a todos los que lucharon con los romanos, se llevaron a miles de prisioneros que se convirtieron en esclavos, saquearon y arrasaron la ciudad y de las siete legiones que participaron en la defensa de Amida, todas desaparecieron, superando las derrotas de Carras y Teutoburgo. Por su parte Sapor perdió en los 73 días de asedio cerca de 30.000 hombres y el verano para continuar su campaña.

Por Enol Alonso Capín

Bibliografía:
·        Amiano Marcelino. Historia. AKAL/CLÁSICA, Madrid (2002).
·        Dando-Collins, Stephen. Legiones de Roma. La Esfera de los Libros, Madrid (2012).
·        H. Dodgeon, Michael; Lieu, Samuel N.C. The Roman Eastern Frontier and the Persian Wars AD 226-363: A Documentary History. Editorial Routledge, Londres y Nueva York (2002).


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