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La tesis que circula con fuerza es que ninguna nación gana más con su cierre (o bloqueo efectivo) que Estados Unidos, y que esto forma parte visible de la Trump Doctrine y su National Security Strategy de diciembre de 2025.
Tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad, EE.UU. ha iniciado un bloqueo naval de los puertos iraníes en Ormuz. Irán mantiene un control de facto sobre el tránsito, con ataques previos a buques que han reducido drásticamente el tráfico (de más de 100 buques diarios a un puñado).
El resultado: unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos (≈20% del suministro mundial) siguen muy restringidos. El Brent ha superado los 110-120 $/barril en picos recientes
¿Gana realmente EE.UU. a corto, medio y largo plazo?
Corto plazo (meses): Sí, hay beneficios relativos claros para Washington.
- Energía estadounidense: EE.UU. es net exporter de productos petrolíferos y el mayor productor mundial gracias al shale. Sus importaciones directas desde el Golfo son mínimas. Puede incluso aumentar exportaciones a precios elevados.
- Venezuela: Tras la caída de Maduro (enero 2026), las exportaciones de crudo pesado se han redirigido masivamente hacia la costa del Golfo de EE.UU. En febrero, envíos directos a EE.UU. subieron un 32% (hasta ≈375.000 b/d), mientras que los que iban a Asia (sobre todo China) cayeron en picado (de más de 600.000 b/d el año pasado a solo 48.000 b/d). Rutas cortas, seguras y políticamente alineadas. Las refinerías del Golfo, diseñadas precisamente para este crudo pesado, ganan. Trump ha relajado sanciones para estabilizar mercados.
- Presión sobre adversarios: China e India (grandes compradores de iraní) sufren más. Wall Street aún está digiriendo el impacto en cadenas de suministro globales (plásticos, fertilizantes, etc.).
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Trump recuerda que quien quiera petróleo que vaya a por él a EE.UU. FOX News
La National Security Strategy de Trump enfatiza la “energy dominance”: producción récord, exportaciones y uso de la energía como palanca estratégica. El bloqueo encaja en esa lógica de máxima presión sobre Irán y, de rebote, sobre Pekín
Medio-largo plazo: El cálculo es más matizado. Un cierre prolongado genera inflación global, afecta a aliados europeos y asiáticos (Japón, Corea, India) y puede erosionar apoyo internacional y romper las ya debilitadas alianzas.
China no se derrumba fácilmente: tiene reservas estratégicas para varios meses (estimaciones de 120 días o incluso 7 meses de importaciones vía Ormuz según algunas fuentes), petróleo ruso barato por tierra, acuerdos con Irán y una flota sombra. Además, acelera su diversificación (renovables, nuclear, oleoductos).
El verdadero centro de gravedad: el Estrecho de Malasia y los cuellos de botella asiáticos
Si Ormuz duele a China (45-50% de su crudo pasaba por allí en 2025), el auténtico talón de Aquiles es el Estrecho de Malaca: por donde transita el 80% de su petróleo importado y gran parte de su comercio total. Los estrechos alternativos (Sunda, Lombok, Makassar, Mindoro) son críticos, pero también vulnerables a presión naval estadounidense o aliada en el Indo-Pacífico.
Pekín lleva años intentando mitigar esto con la Belt and Road, oleoductos terrestres (Pakistán, Myanmar) y mayor presencia en el Índico.
Un Ormuz bloqueado acelera esa urgencia, pero también expone las líneas marítimas chinas. Washington lo sabe desde hace décadas: controlar o amenazar los cuellos de botella es una carta estratégica histórica. Por eso la importancia geopolítica de la firma de un gran acuerdo de cooperación en defensa de EE.UU. con Indonesia.
Resumiendo. Sí, en el corto-medio plazo EE.UU. sale fortalecido en términos relativos: ventas de petróleo del fracking, Venezuela redirigida, presión sobre China y sus aliados.
Pero la historia enseña que estos golpes no son victorias definitivos. China usa reservas, acelera “dual circulation” y fortalece lazos con Rusia. EE.UU. gana influencia, pero asume costes: precios altos para aliados, riesgo de escalada y posible fatiga internacional.
El Nuevo Gran Juego continúa. Ormuz es una casilla importante; el control naval, tecnológico y la resiliencia de las democracias occidentales (junto a Ucrania resistiendo) son las que decidirán el tablero a largo plazo.
¿Qué pensáis vosotros? ¿Creéis que China logrará reducir suficientemente su dependencia marítima en los próximos años? ¿O los cuellos de botella seguirán siendo la gran ventaja estratégica de Occidente?
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